Todos somos responsables de la crisis

Durante estas semanas en las que he estado más ausente de lo habitual, he dedicado el poco tiempo del que he dispuesto a intentar comprender a dónde nos están llevando las últimas decisiones tomadas por aquéllos que tienen capacidad de decidir por el resto, ya sean Estados o Empresas.

Si fuera coherente con mis conclusiones, aquí se acabaría esta entrada.

No cabe duda de que estamos en un momemto que podríamos denominar como histórico. En los años venideros se escribirá mucho de la grave crisis que asoló a Occidente a principios del siglo XXI. De lo que no estamos tan seguros es cómo juzgará la Historia las decisiones tomadas.

Hay tanta información, tantas opiniones, que uno ya no sabe qué es verdad y qué es mentira, pues en todos los bandos ideológicos existen contradicciones entre lo que dicen y hacen.

Yo sólo quiero hacer una humilde recopilación para que cada uno saque sus propias conclusiones. Todo lo que a partir de ahora exponga no tiene un orden preestablecido ni una línea argumental lógica.

Aunque suene a perogrullada, siempre ha habido ricos y pobres, débiles y poderosos. Eso nunca va a cambiar. Pero nunca antes en la Historia de la Humanidad habíamos llegado tan lejos en cuanto a derechos de los trabajadores y políticas sociales. Los ricos siguen estando, pero los pobres podemos disfrutar un poco más de la vida. Esto si hablamos de Occidente, claro, porque en el resto del mundo las condiciones laborales son cercanas a la esclavitud. Globalización, lo llamaron. Que quiere decir que visto que en los países de origen de las multinacionales los trabajadores tenían unos costes inasumibles (mira que tener que pagar la Seguridad Social los pobres Empresarios…), tenían que pagar muchos impuestos y cumplir unas normas muy estrictas en multitud de ámbitos, lo que les llevaba a reducir sus márgenes de beneficios en unos cuantos puntos porcentuales, pues para que sus accionistas no se viesen perjudicados decidieron irse a otros países a explotar las gentes que no tenía nada, y que quizás eran más felices.

Así que la producción se desplaza de Occidente hacia otras zonas, pero pretenden que el consumo, o sea, sus ganancias, las genere Occidente. Es difícil que a aquellos a los que el mercado laboral ha expulsado les resulte fácil consumir más. Creo que eso lo entiende cualquiera. Y no vale decir que hay que ser flexibles y adaptarse a entornos cambiantes y bla, bla,bla… cuéntale eso a una persona que se ha pasado veinte años en una fábrica trabajando en lo mismo y sin recibir formación por parte de la Empresa o Sindicatos.

Me pregunto cuál va a ser el plan de las Multinacionales una vez se desarrollen las Economías Emergentes a niveles de Occidente.

Más productividad, menos fuerza laboral, obsolescencia de los productos programada que lleva a comprar nuevos productos antes siquiera de haber amortizado el antiguo, todo para aumentar el beneficio por acción y así contentar a los accionistas de las compañías. Una huida hacia delante que en algún momento ha de acabar.

Por otra parte, está la gente normal, el consumidor, el trabajador. Todo el mundo se queja de la falta de trabajo, de su precariedad, de los bajos sueldos, del poder de las Multinacionales o de los Bancos, de la competencia de los de “fuera”, pero nadie se da cuenta de que para que una Empresa nos ofrezca un producto último modelo a un precio, aunque elevado, asequible para la gran mayoría de los consumidores, tiene que apretar las tuercas en el proceso de producción de dicho producto. Esto es, reducir personal, automatizar procesos, trasladar la producción a países más baratos salarialmente hablando, etc, y a nadie le importa lo más mínimo con tal de que el producto o servicio sea lo más barato posible. ¿O alquien piensa que una televisión LED 3D de menos de 1.000 euros se consigue fabricándola en Europa? Claro, en este caso, desde el lado del consumidor no nos improta dónde se haya producido, sólo nos importa el ahorro.

Cuando yo era pequeño, la compra de cualquier electrodoméstico se hacía con la idea de que iba a tener una larga vida. En general, eran productos caros y de calidad. No había ropa tan barata, ni outlets. Ahora tenemos de todo a precios que parece imposible que merezca la pena fabricarlos. Y luego nos quejamos de que las Empresas se van.

Todos tenemos un poco de culpa. Todos somos codiciosos, cada uno a su nivel. Pero no es peor persona aquella que tiene cientos de millones si la comparamos con una persona corriente. Cada uno, en su nivel, trata de maximizar su dinero. Lo que pasa es que a algunos su dinero les da para mucho.

Hacemos un pequeño resumen:

  1. Las Empresas necesitan cada años aumentar sus Beneficios.
  2. Para ello tratan de lanzar novedades con mayor frecuencia que provocan que los consumidores piensen que sus productos han quedado obsoletos pese a tener sólo meses de antigüedad.
  3. Esta rueda sin fin provoca una guerra de precios, de la que salen perdedores los trabajadores de ecomías desarrolladas, al tener un nivel de protección más altos que las Multinacionales no están dispuestas a pagar con tal de que el beneficio por acción no decaiga.
  4. Esa necesidad compulsiva de reemplazar productos que todavía sirven, provoca que el consumidor, al tener unas rentas limitadas, necesite adquirir los productos bien por estar muy ajustados en precio, o bien endeudándose para adquirirlo. En ocasiones se está pagando a plazos un producto que ya se ha quedado obsoleto.

Como he dicho al principio, tan sólo pretendo reflexionar sobre todo lo que está pasando. Seguramente nada de lo escrito supone una novedad.

Mi opinión es la misma desde antes de estallar la crisis; no podemos esperar a que alguien haga algo, tenemos que ser parte activa en la solución. No vale eso de según nos veamos como consumidores o trabajadores nuestras opiniones sean diferentes.

Los Gobiernos han de encontrar el equilibrio entre facilitar el establecimiento de Empresas y evitar los abusos por parte de éstas.

Las Empresas deben entender que no puede haber consumo si los consumidores  no tienen dinero.

Los consumidores deben ser exigentes con las Empresas, no sólo en los precios, si no en el proceso de fabricación de los productos que nos quieren vender. A nadie parece importar que en otras partes del mundo, las multinacionales explotan a sus trabajadores.

No echemos la culpa siempre a los demás. Cada uno de nosotros tiene mucho que aportar.

Saludos,

Raskólnikov

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