Riesgo sistémico, o la pescadilla que se muerde la cola

Los expertos en temas macroeconómicos llevan meses intentando dilucidar si estamos en crisis, en recesión o en contracción.

Parece que están llegando a la conclusión, más que por sus estudios porque se han fijado en lo que está pasando en la calle, que todo esto puede acabar siendo un riesgo sistémico. Vaya por Dios.

Y qué querrá decir esto. Resumiendo, se han fijado que todo esto de la crisis de Deuda Soberana y los problemas de los Bancos para recapitalizarse puede que no tenga fin si nadie rompe la cadena que provoca este bucle soberano.

El problema es tan sencillo de ver que parece mentira que nadie lo haya atajado antes.

Los Bancos y Cajas, además de asumir grandes riesgos concediendo créditos a promotores y particulares en plena burbuja inmobiliaria, invertir en productos complicadísimos y de alto riesgo, concederse los Directivos Bouns y Planes de Pensiones millonarios, también se dedicaron a comprar Deuda Pública (aunque pasó en todos los países, vamos a fijarnos en España). Esto en principio no tiene nada de malo; la Deuda Pública tenía la máxima calificación crediticia, que quiere decir que cuanto más alta sea esta calificación más solvente es el emisor, en este caso el Estado.

Pero claro, cuando todo va bien, nadie se fija en los detalles (aunque pensemos que los Bancos sí, sin duda les hemos sobreestimado) y aquellos conceptos como “diversificación”, “no pongas todo los huevos en una misma cesta”, “Revisemos los riesgos a medio plazo”, “Gestión de escenarios adversos”, que los tendrían que haber repetido como si fuera un mantra, simplemente no se escuchaban debido al ruido que producía el dinero fácil y el aumento de la burbuja.

Y llegamos a la crisis.

Empezaron aflorando minusvalías por los productos derivados en los que inviertieron, que  no eran tan buenos como parecían.

Seguimos por aumentar las provisiones por el deterioro de los activos de la cartera inmobiliaria, pues pese a que se resistían a minusvalorarlos, empezaban a rendirse a la evidencia.

Por si esto fuera poco, la morosidad empezó a repuntar hasta niveles no vistos en años, lo que provoca más daño todavía en los Balances de los Bancos y en sus Cuentas de Resultados.

¿Por qué había más morosos? El que tu casa valga menos no quiere decir que vasyas a dejar de pagar la hipoteca. Como todos sabemos, el paro irrumpió con fuerza, llevándose por delante miles de empleos de la construcción y de muchos otros sectores. Lo que provocó la bancarrota de multitud de familias, que de la noche a la mañana se vieron sin nada; el piso en el que había depositado sus ahorros tenía menos valor que el importe pendiente de su hipoteca, y además no tenían ingresos para seguir cumpliendo mes a mes con el Banco.

Con tantos nuevos millones de parados el consumo se vio seriamente afectado, lo que provoca una menor recaudación fiscal (una de las fuentes de financiación del país) y un mayor coste por prestación por desempleo. Encima tanto el Estado como las CCAA y Ayuntamientos se gastaron lo de hoy, lo de mañana y lo que no tenían en grandes obras, proyectos faraónicos, sueldos de escándalo, asesores por cientos, coches oficiales, tabletas, líneas telefónicas hasta para los conserjes… y así podíamos seguir durante horas. Pues todo esto limita la capacidad de un Estado para pagar sus deudas. Cosa que saben los analistas e inversores que poseen Deuda Pública Española. Lo que provoca un aumento del riesgo de no pagar, así que cuando el Gobierno emite nuevos Bonos, el mercado le pide más rentabilidad para comprar dichos Bonos, el famoso diferencial con el Bono alemán, también conocida como prima de riesgo.

Al exigirle el mercado más rentabilidad, El Estado va a tener más problemas a la hora de pagar sus deudas, pues los intereses que paga de más hay que sacarlos de algún sitio. Empiezan los recortes.

Volviendo a los Bancos, como estos compran mucha deuda del Estado, y ésta se está devaluando debido a las dudas que tiene el mercado sobre la capacidad de pago, esos activos en los balances disminuyen su valor, lo que provoca más dificultades en la Cuenta de Resultados de los Bancos. Los que peor están, necesitarán ayudas del Gobierno para recapitalizarse. Eso provoca otro golpe a las arcas del Estado, lo que hace saltar la alarma en los mercados, pudiendo provocar una rebaja del rating, que conlleva a una mayor exigencia de rentabilidad en próximas emisiones, que va a hacer que el Estado tenga que pagar más intereses , que saldrán necesariamente de un recorte en alguna partida presupuestaria, compromisos sociales, etc…

Y vuelta a empezar. Llegado al final del bucle, vemos que estamos en el principio del problema.

Seguramente que España sea capaz de pagar todas sus deudas (aunque con muuucho esfuerzo), pero el mercado, que es miedoso, quiere garantías de que ello va a ser así, y por si acaso, pide más rentabilidad. 

¿La solución? Debe ser muy complicada porque a día de hoy, nadie ha hecho otra cosa que huir hacia adelante e ir poniendo parches.

Creo que las partes implicadas aceptan sugerencias.

Saludos,

Raskólnikov

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